¿INVADIRÁ EE.UU. A MÉXICO?
La historia parece repetirse. En 1989, la Operación Causa Justa marcó la invasión de Panamá por parte de EE.UU. con el pretexto de capturar a Manuel Noriega, acusado de narcotráfico y amenazas a la seguridad nacional. Hoy, con el gobierno de Trump intensificando su discurso contra los cárteles mexicanos y designándolos como organizaciones terroristas, la sombra de una posible intervención militar vuelve a surgir. En este artículo, analizamos las semejanzas entre ambos casos, la estrategia de EE.UU. en conflictos previos y el riesgo real de que México se convierta en el nuevo escenario de una operación similar. ¿Está la historia a punto de repetirse? 🔎💣 📖 Lee la nota completa y descubre los paralelismos históricos que podrían definir el futuro de la relación México-EE.UU.
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En un giro político que ha sacudido la relación bilateral entre México y Estados Unidos, la administración de Donald Trump ha intensificado su retórica contra los cárteles del narcotráfico mexicanos, llegando al punto de designarlos como organizaciones terroristas. Este movimiento, más que una simple declaración política, abre la posibilidad de una intervención militar estadounidense en territorio mexicano, con todas las implicaciones que ello conlleva.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha sido claro en su postura: “todas las opciones están sobre la mesa”. Si bien esta declaración no es una confirmación de que las tropas estadounidenses cruzarán la frontera, sí deja la puerta abierta a operaciones militares que podrían ir desde ataques a objetivos específicos hasta una campaña más extensa contra el crimen organizado.
La respuesta del gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha sido tajante: México rechaza cualquier acción unilateral que vulnere su soberanía. La relación diplomática entre ambos países se encuentra en un punto de tensión máxima, especialmente después de que Trump impusiera aranceles del 25% a productos mexicanos como medida de presión para frenar el tráfico de fentanilo y la migración indocumentada.
El ascenso y caída de Manuel Noriega: de dictador de Panamá a prisionero en EE.UU. La Operación Causa Justa de 1989 marcó su captura y extradición, sellando el fin de su era en el poder.
Uno de los precedentes más significativos para analizar el posible escenario de una intervención en México es la operación militar de Estados Unidos en Panamá en 1989 para destituir a Manuel Noriega. En aquel entonces, Noriega, quien había sido un aliado de Washington, se convirtió en un enemigo público tras ser acusado de narcotráfico y violaciones a los derechos humanos. La narrativa oficial estadounidense justificó la invasión bajo el pretexto de restaurar la democracia, proteger la seguridad nacional y combatir el narcotráfico.
Previo a la operación militar, la administración de George H.W. Bush implementó una intensa campaña mediática para demonizar a Noriega, presentándolo como una amenaza directa para los intereses estadounidenses. Se impusieron sanciones económicas y se realizaron ejercicios militares en la región para aumentar la presión. Finalmente, la noche del 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos lanzó la invasión, enviando a más de 27,000 soldados a Panamá. El saldo fue devastador: cientos de civiles muertos, daños significativos en la infraestructura y una ocupación que marcó un precedente en la región.
Soldados estadounidenses de unidades aerotransportadas patrullan Panamá durante la Operación Causa Justa en diciembre de 1989. A bordo de un Humvee armado con una ametralladora M60, el equipo de intervención rápida mantiene vigilancia en la capital panameña. La inscripción "Merry Christmas!" en la carrocería refleja el tono de la invasión, llevada a cabo en plena temporada navideña.
La estrategia utilizada contra Noriega tiene paralelismos con la situación actual en México. La narrativa estadounidense está construyendo a los cárteles como una amenaza terrorista, similar a como se presentó a Noriega como un peligro global. Se han implementado sanciones económicas y presiones diplomáticas para que México adopte medidas más agresivas contra el crimen organizado. Además, al igual que la invasión a Panamá ocurrió en el primer año de la presidencia de Bush, este tipo de acciones pueden formar parte de la validación internacional que busca un gobierno en sus primeros meses para consolidar su posición en la política exterior.
Otro paralelismo notorio es que ambos presidentes, Bush y Trump, pertenecen al Partido Republicano y han defendido la doctrina de acción unilateral en asuntos de seguridad nacional. En ambos casos, la narrativa utilizada gira en torno a la protección de los ciudadanos estadounidenses ante una amenaza externa, ya sea un líder acusado de narcotráfico o cárteles catalogados como terroristas. Asimismo, el uso de la presión económica, la deslegitimación del gobierno extranjero y la construcción de un enemigo mediático han sido estrategias clave en ambos escenarios.
La posibilidad de una intervención militar estadounidense en México no solo representa un riesgo para la soberanía nacional, sino que también podría desencadenar una ola de violencia sin precedentes. La militarización del combate al narcotráfico ya ha demostrado ser una estrategia fallida, generando más muertes y fortaleciendo a los grupos criminales en lugar de debilitarlos. Un conflicto de este tipo podría convertir al país en un escenario de guerra interna con consecuencias devastadoras.
Si bien es cierto que el crimen organizado es un problema grave que afecta tanto a México como a Estados Unidos, la solución no puede ser la intervención foránea. La clave está en fortalecer las instituciones nacionales, depurar los cuerpos de seguridad, atacar el lavado de dinero y frenar el flujo de armas que provienen del vecino del norte. La cooperación binacional debe centrarse en estrategias conjuntas que respeten la soberanía de ambos países y eviten la imposición de medidas unilaterales.
A día de hoy, la pregunta sigue en el aire: ¿invadirá EE.UU. a México? Aunque la respuesta aún no es clara, lo cierto es que la tensión entre ambos gobiernos ha escalado a niveles preocupantes. Las próximas semanas serán clave para determinar si esta crisis diplomática se resuelve con diálogo o si, por el contrario, nos acercamos a un escenario aún más peligroso.
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